Vendrá el Señor y con él todos
sus santos; aquel día brillará una gran luz.
Ecce Dóminus véniet, et omnes sancti eius cum eo;
et erit in die illa lux magna.
Oremos:
Señor y Dios nuestro, acoge favorablemente nuestras súplicas y concédenos tu
ayuda en las tribulaciones; que reanimados con la venida de tu Hijo, ya
cercana, no volvamos a mancharnos con el pecado.
Por nuestro señor Jesucristo...
Amén.
El espíritu del Señor se posará sobre él
Lectura del Libro del profeta
Isaías
11, 1-10
En aquel día saldrá un brote del
tronco de Jesé, un retoño brotará de sus raíces.
Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de
inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de
temor de Dios; lo inspirará el temor del Señor.
No juzgará por apariencias, ni atendiendo a rumores; juzgará con justicia a los
indefensos, a los pobres del país con rectitud; herirá al violento con la vara
de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Será la justicia el
cinturón de sus caderas, la fidelidad, la correa de su cintura.
Habitará el lobo junto al cordero, la pantera se echará junto al cabrito, el
ternero y el leoncillo comerán juntos y un pequeño cuidará de ellos. La vaca
pastará con el oso, sus crías se echarán juntas; el león comerá paja, como el
buey, el niño de pecho jugará junto al escondite de la culebra, el recién destetado
meterá la mano en la cueva de
Aquel día, la raíz de Jesé será puesta como estandarte de los pueblos; a ella
se volverán las
naciones y será gloriosa su morada.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 71, 2.7-8.12-13.17
Que en sus días florezca la
justicia y la paz abunde eternamente.
Florébit in diébus eius iustítia et
abundántia pacis in aetérnum.
Para que gobierne a tu pueblo con
justicia y tus humildes con equidad.
Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.
Florébit in diébus eius iustítia et
abundántia pacis in aetérnum.
Que florezca en sus días la
justicia y haya gran prosperidad mientras alumbre la luna; que domine de mar a
mar, desde el Eufrates hasta los extremos de la tierra.
Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.
Florébit in diébus eius iustítia et
abundántia pacis in aetérnum.
Porque él librará al necesitado
que suplica, al humilde que no tiene defensor, tendrá compasión del necesitado
y del abandonado, y salvará la vida de los necesitados.
Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.
Florébit in diébus eius iustítia et
abundántia pacis in aetérnum.
Que su nombre sea perpetuo y su
descendencia dure como el sol; que traiga la bendición a las naciones y lo
proclamen dichoso.
Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.
Florébit in diébus eius iustítia et
abundántia pacis in aetérnum.
Aleluya, aleluya.
Ya viene el Señor, nuestro Dios, para iluminar los ojos de sus hijos con
todo su poder.
Ecce Dóminus noster cum virtúte véniet, et
illuminábit óculos servórum suórum.
Aleluya.
Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo
† Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
10, 21-24
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, el Espíritu Santo
llenó de alegría a Jesús, que dijo:
"Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado
estas cosas a los sabios y prudentes y se las ha dado a conocer a los
sencillos. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo sino el Padre;
y quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera
revelar".
Dirigiéndose después a los discípulos, les dijo en privado:
"Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque les digo que muchos
profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que
ustedes oyen pero no lo oyeron".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor, Jesús.
Que los ruegos y ofrendas de nuestra
pobreza te conmuevan, Señor, y, al vernos desvalidos y sin méritos propios,
acude, compasivo, en nuestra ayuda.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Las dos venidas de Cristo
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan
de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para
que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la
plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en
vigilante espera, confiamos alcanzar.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
El Señor, justo juez, dará la
corona merecida a todos los que esperan con amor su venida.
Coronam iustítiae reddet iustus iudex iis qui díligunt
advéntum eius.
Oremos:
Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna,
enséñanos, Señor, a no sobrevalorar las cosas terrenales y a estimar las del
cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.